Reinventando los clásicos

28 febrero 2009 at 14:29 Deja un comentario

En esta nueva entrada pretendo haceros una propuesta que creo, os será útil en las aulas.
La actividad consiste en escoger un cuento clásico, de los que de niños escuchábamos y nos contaban nuestros mayores, y transformarlo para crear un cuento diferente aunque la base siga siendo la misma.
Creo que es un recurso bastante interesante puesto que permite a nuestros alumnos acercarles a la lectura de los cuentos más clásicos, a la vez que supone una motivación a la hora de crear su propio cuento y desarrollar todas las acciones que quieren que les ocurran a los personajes. Esta actividad quedará mucho más completa y divertida si después, los alumnos realizan una representación de su cuento creado.
A continuación os dejo una muestra de un guión para que veáis por donde van los tiros y para animaros a que cojáis vosotros mismos un cuento y lo transforméis.

 

“HANSELA Y GRETEL”

 

Escena 1: (Aparecen dos niñas en escena)

 

Érase una vez que se era…dos niñas de no más de 10 años, hermanas… pero hermanas…iguales que el día y la noche, que la leche y el colacao… ¡vamos! Iguales, iguales… bueno, que no se parecían en nada. Ya os podéis imaginar. Una se llamaba Hansela y otra Gretel, (…) y la historia comienza así:

 

(…) las dos niñas muy aburridas delante del ordenador. Hablan sobre un anuncio que encuentran en internet. Les llama poderosamente la atención.

 

“Anciana enferma ofrece sacos, y sacos y más sacos de chucherías a cambio de compañía por una tarde. Pueden venir todos los niños y niñas que quieran, y celebraremos una gran fiesta! ANÍMATE Y VEN”

 

Tras pensárselo, una de las niñas convence a la otra.

 

Escena 2: (en la habitación por la noche, sin poder dormir)

 

Durante aquella noche, no pudieron dormir, estaban muy ansiosas y emocionadas.

 

En esta escena, mientras el narrador habla, cada niña, con un “bocadillo” en forma de cómic encima de la cabeza, deja que los espectadores entiendan en lo que piensa cada una, y el motivo de su nerviosismo: una en las chucherías, gracias a un dibujo de chuches; y la otra en la fiesta, gracias a un dibujo de una niña coqueteando.

 

Escena 3: (en la puerta de la casa)

 

A la mañana siguiente se despiertan muy nerviosas y animadas, recogieron pronto su habitación, y aprovechando un momento en el que los padres de las dos hermanas, salieron a dar un paseo, las dos niñas, salieron por la puerta de la casa rumbo a la casa de la ancianita.

 

La madre las descubre: “¿se puede saber adónde van estas dos señoritas tan decididas y sin decir nada?”

 

Gretel muy rápida y avispada: – “ ¡vamos a casa de Pulgarcito, que al fin lo han encontrado y vamos a celebrar una gran fiesta de bienvenida!”

 

 

 

Escena 4: (por el camino)

 

Salieron pues felices las dos niñas, ¡contentas y felices!

 

Las niñas de la mano, saltando de alegría.

 

Escena 5: (por el camino aún)

 

Para llegar a casa de la anciana debían adentrarse en el espeso y denso, e inmenso bosque. No hubo problema, hasta que empezó a anochecer y acabaron desorientándose sin saber cómo seguir y hacia dónde ir.

 

Escena 6: ( por el camino)

 

A un lado del camino, se encontraron a un niño sentado en una gran piedra descansando (sonido de ronquidos). Le preguntan si sabe dónde se celebra la gran fiesta. El niño las indica con el dedo la dirección por dónde deben ir, animándolas a que sigan un caminito de piedras preciosas que él había ido dejando por el camino.

 

Escena 7: (frente a la casa de la anciana)

 

Anda que te anda iban las dos niñas por el camino siguiendo las piedras que les marcaban el camino, y finalmente llegaron a la esperada casa de la anciana. ¡Qué sorpresa se llevaron! En contra de lo que pensaban se encontraron con un enorme caserón viejo y cochambroso, con amplios ventanales sin cristales y con una gran puerta de madera agrietada, que debido a su terrible aspecto, ninguna de las dos niñas se atrevía a llamar.

 

Escena 8: (frente a la casa de la anciana)

 

Las dos hermanas discuten para ver quién de las dos se atreve a llamar.

 

Escena 9: (frente a la casa de la anciana)

 

Tras mucho discutir, finalmente llamaron a la puerta, aunque con mucho temor por lo que se pudieran encontrar.(sonido de puerta) esperan unos momentos, pero… llama que te llama, aquí no sale la anciana. Justo cuando piensa en irse, la puerta se abre y…

 

Escena 10: (ya dentro de la casa de la anciana)

 

-“No, no niñas. No os vayáis. Precisamente estaba esperando a unas niñas tan…tan… rollizas… ¡digo! Tan bonitas como vosotras…”

 

Escena 11: (dentro de la casa)

 

De un vistazo, las niñas se sorprenden al ser las únicas de la fiesta. Se desaniman.

 

 

 

 

 

Escena 12: (dentro de la casa)

 

La anciana las intenta convencer para que se queden a hacerla compañía con un montón de chucherías. (Imagen de las dos niñas comiendo con ansia todas las chuches que pueden, mientras la anciana se relame)

 

Escena 13: (dentro de la casa)

 

Las niñas pasaron unos días muy contentas, y engordando por momentos con tanta chuchería, pero… de la noche a la mañana, la ancianita tan agradable, aunque peculiar por su excentricismo, se convirtió en una vieja gruñona y mandona, que obligaba a trabajar a las dos hermanas a cambio de su ración diaria de chucherías.

 

Escena 14: (en la casa)

 

La hermana más rebelde, se niega a ceder con las obligaciones de la anciana, y como castigo, decide encerrar a su hermana en una jaula improvisada. La única forma de liberarla es haciendo todo aquello que la anciana le mande.

 

Escena 15: (desde la jaula improvisada)

 

Ya más que rolliza, la niña desde la jaula, una noche con mucho empacho de chucherías, asomándose todo lo que puede a una de las ventanas de la casa, ruega a una de sus estrellas preferidas que por favor vaya a ayudarla a ella y a su hermana, y las rescate de aquel caserón y de aquella vieja mala y mandona. Y sin más, desde aquella estrella tan lejana, el hada madrina de la niña aparece en la casa.

 

Escena 16: (en la casa de la anciana)

 

El hada madrina, ofrece a la anciana una manzana envenenada. Ésta la muerde y se convierte en tableta de chocolate, y a su casa a una casa de chocolate, librándose así de los barrotes, ahora de chocolate comiéndose aquello que encontraban por su camino.

 

 

 

 

 

 

 

 

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