TDAH

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¿Qué es el TDAH ?

 

 

Esta página de mi blog quiero dedicarla a uno de los trastornos más importantes en los niños. Considero que actualmente te tiene poca información a cerca de este problema y que todos los profesionales de la educación deberían conocer al menos, en qué consiste.

Si os interesa el tema, podréis encontrar más información en la página

 

http://www.trastornohiperactividad.com/

El TDAH es un trastorno de causa poco clara, probablemente con la intervención de factores genéticos y ambientales, en el que existe una alteración a nivel del sistema nervioso central, manifestándose mediante un aumento de la actividad, impulsividad y falta de atención, y asociándose con frecuencia otras alteraciones.

 

El factor genético está demostrado, puesto que el TDAH es 5-7 veces más frecuente en hermanos y 11-18 veces más frecuente en hermanos gemelos. Se han descrito varios genes posiblemente implicados.

 

El TDAH es una de las causas más frecuentes de fracaso escolar y de problemas sociales en la edad infantil.

 

¿A quién afecta?

 

 


Afecta a 3-5% de niños, es decir, uno por aula escolar, predominando en varones con una proporción de 4 niños frente a 1 niña.

 

Frecuencia de la enfermedad

 

 


El TDAH afecta con la misma frecuencia a todas las razas y culturas, pero es más diagnosticado en poblaciones con nivel cultural y económico medio a alto, porque en ellas se identifica con más frecuencia el impacto familiar, escolar y social del trastorno.

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Manifestaciones de la enfermedad

 

 


El Trastorno de Déficit de Atención con/sin Hiperactividad (TDAH) generalmente se diagnostica en los primeros años de la enseñanza primaria. Algunos síntomas, no obstante, están ya presentes antes de los 7 años de edad, y con frecuencia persiste en la adolescencia y en la vida adulta. Se diagnostica más frecuentemente en varones (en una proporción aproximada de 4 chicos por cada chica). Los síntomas suelen atenuarse a lo largo de la adolescencia y la vida adulta, sobre todo la hiperactividad, y aunque en muchos casos aún persisten durante este periodo, el paciente puede ir compensándolo.

 

El TDAH es un trastorno aún poco reconocido, por lo que menos de la mitad de los pacientes afectados ha recibido un diagnóstico adecuado, y aún dentro de éstos, pocos reciben el adecuado tratamiento. Ello determina un impacto negativo muy importante tanto para el bienestar del paciente como el de su familia. Un niño con TDAH que no recibe un diagnóstico y/o un tratamiento correctos tiene altas probabilidades de sufrir, a lo largo de su desarrollo, un notable deterioro de su rendimiento escolar, de sus relaciones familiares y de su entorno social. Y lo que es más grave, que dicho deterioro y sus consecuencias se extiendan durante su vida adulta en forma de problemas laborales, dificultades de pareja, consumo de drogas, conductas antisociales y otros trastornos psiquiátricos asociados.

 

Las manifestaciones del TDAH

 

 

 

Los niños con TDAH son muy “movidos” e impulsivos, y tienen problemas para prestar atención y para concentrarse. Aún a pesar de intentarlo, son incapaces de escuchar correctamente, de organizar sus tareas, de seguir instrucciones complejas, de trabajar o jugar en equipo. El actuar sin pensar (la conducta impulsiva) provoca problemas con padres, amigos y profesores. Suelen ser niños inquietos, siempre en movimiento, incapaces de permanecer sentados mucho tiempo o con una constante inquietud (que se ve en tamborileo de dedos, movimiento constante de los pies o las piernas, etc.).

 

El TDAH afecta negativamente al rendimiento de estos niños en el colegio, así como a otros aspectos de su vida familiar y social.

 

Son manifestaciones de una conducta hiperactiva:

 

Estar en constante movimiento,

Incapacidad para permanecer sentado mucho tiempo,

Correr o trepar por sitios o en momentos inapropiados,

Hablar en exceso,

Jugar muy ruidosamente,

Estar en actividad constante,

Contestar antes de que termine la pregunta,

Ser incapaz de esperar el turno en las colas o en actividades,

Interrumpir sin justificación a los demás.

 

Casi todos los niños con TDAH tienen problemas por sus conductas hiperactivas e impulsivas antes de los 6 años. Sus padres suelen describirlos como inquietos o difíciles desde que eran bebés, e incluso hay madres que los describen como hiperactivos durante el embarazo.

 

El niño con TDAH es en muchas ocasiones incapaz de controlar su propia conducta. A veces parecen estar en otro mundo y no responden cuando se les pide que paren o se reclama su atención (mientras que el niño que se porta mal intencionadamente suele estar pendiente de las reacciones y respuestas de los adultos). Los padres perciben en el niño con frecuencia que es un problema de “no poder” más que de “no querer”, por lo que se sienten frustrados en su capacidad para criarlos y educarlos. Muchos de ellos han ensayado decenas de métodos diferentes para intentar controlar los problemas conductuales de sus hijos, normalmente con escaso éxito.

 

Son manifestaciones de los problemas de atención:

Dificultad para seguir instrucciones,

Parecen no escuchar a padres o profesores,

Incapacidad para centrarse en las actividades,

Suelen perder cosas importantes para casa o el colegio,

No prestan atención a los detalles,

Sus conductas parecen desorganizadas,

No son capaces de planear por anticipado con eficacia,

Son olvidadizos y despistados,

Parecen distraídos con frecuencia.

 

El niño con TDAH con frecuencia pierde el interés por las actividades que está realizando en pocos minutos, por lo que cambia constantemente de una actividad a otra.

 

Si un niño presenta este tipo de problemas sólo en un entorno (por ejemplo, sólo en casa, o sólo en el colegio), es improbable que el problema sea el TDAH. Aunque los síntomas del TDAH se agravan en situaciones de mayor desorganización (lugares ruidosos, con mucha gente, etc.), están presentes en mayor o menor medida en casi todas las situaciones y entornos de la vida del niño (en casa, en el colegio, con los abuelos, haciendo la tarea escolar, viendo la televisión,…). Aunque las situaciones que les divierten (como ver dibujos animados o jugar con videojuegos) les permiten centrar su atención con mayor eficacia, la inquietud (agitar manos, piernas, pies,…) generalmente persiste. Esta variabilidad en las respuestas al entorno a veces genera una interpretación desde fuera de voluntariedad por parte del niño, por lo que se les atribuyen calificativos como “caprichoso”, “malcriado”, “vago”, …

 

Algunos niños sólo presentan problemas en el área atencional, y están ausentes los de la hiperactividad y la impulsividad. Es el llamado TDAH, en el que domina la falta de atención.

 

La clasificación norteamericana de enfermedades psiquiátricas DSM-IV comprende dos grupos de síntomas fundamentales, la inatención y la hiperactividad/impulsividad, definiendo tres subtipos de TDAH:

 

Tipo combinado: es el más frecuente. Presenta síntomas en ambos grupos de síntomas.

Tipo predominantemente inatento: destacan los síntomas en el área atencional, y los de la hiperactividad/impulsividad no son significativos.

Tipo predominantemente hiperactivo-impulsivo: destacan los síntomas de hiperactividad e impulsividad, y los del área atencional no son significativos.

 

La clasificación europea del trastorno, expresada en la CIE-10 (Clasificación de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud), lo denomina Trastorno Hipercinético. Comprende tres grupos de síntomas fundamentales (inatención, hiperactividad, e impulsividad, estos dos últimos unidos en un solo grupo en el DSM-IV), y su diagnóstico exige la presencia significativa de síntomas tanto de inatención como de hiperactividad y de impulsividad. Así, su descripción corresponde a la variante más severa del trastorno, siendo similar al TDAH Tipo Combinado.

 

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¿Por qué se produce la enfermedad? Bases biológicas

 

 


Las causas principales del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) o trastorno hipercinético no se conocen del todo. Se considera un trastorno heterogéneo, del que parece improbable encontrar una causa única, considerándose más bien la vía final de una serie de fallos biológicos que interactúan entre sí y con otras variables ambientales, tanto de orden biológico como psicosocial. Las ideas iniciales que lo definían como “daño cerebral mínimo” han evolucionado gracias a estudios de neurobiología y fisiopatología, neuroimagen y genética. Del mismo modo, aunque los factores psicosociales no se consideran actualmente como la causa principal del TDAH, el estudio de las disfunciones familiares existentes en niños con esta patología ha revelado su importante papel en el desarrollo de los síntomas, en la aparición de otros problemas frecuentemente asociados al TDAH, y en el diseño de los tratamientos.

 

En cualquier caso, debe descartarse como origen del mismo a los padres del niño o sus métodos educativos. Las explicaciones centradas en la inexistencia del TDAH y su justificación mediante la culpabilización de los padres deben ser descartadas de una vez por todas, señalando además que en demasiadas ocasiones han llevado a diagnósticos tardíos, con lo que ello conlleva respecto a una peor respuesta al tratamiento. No hablamos de un problema social ni de mala educación, ni de características particulares de ciertos niños que “se le van a pasar con la edad”, sino de un trastorno concreto, con características clínicas y necesidad de tratamiento.

 

Factores genéticos. Neuroimagen

 

 

 

Aunque muchos han sido los factores ambientales (tanto biológicos como psicosociales) relacionados con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), hasta la fecha ninguno (ni ninguna combinación de ellos) se ha demostrado como causa necesaria y/o suficiente para la manifestación del trastorno.

 

Una situación psicosocial adversa incrementa el riesgo de problemas psiquiátricos emocionales y de conducta en niños. Dentro de estos factores de riesgo genérico, destaca una asociación positiva entre el TDAH y el índice de factores de adversidad de Rutter (problemas de pareja importantes, clase social baja, familia amplia, criminalidad paterna, trastorno mental materno y acogimiento no familiar del niño). Estos factores tienden a aparecer como predictores universales de adaptabilidad y salud psíquica, y en ciertos aspectos (delincuencia paterna, conflictos familiares, clase social baja) podrían ser más bien una expresión de la presencia del trastorno en los padres que su causa.

 

Factores genéticos

 

 

 

Los estudios familiares realizados con muestras clínicas han encontrado entre los padres de niños con TDAH un riesgo entre 2 y 8 veces superior al de la población normal de padecer ellos mismos el trastorno. Recíprocamente, el riesgo calculado para un niño de sufrir el trastorno si uno de los padres lo padece es del 57%.

 

En los estudios de adopción, los hermanos no biológicos de niños con TDAH tienen menos riesgo de presentar el trastorno que los hermanos biológicos. Los estudios de gemelos señalan una concordancia del trastorno del 50% al 80% en gemelos idénticos frente a un 29-33% en gemelos no idénticos.

 

Así, parece que gran parte de la varianza del rasgo hiperactividad-impulsividad (70-90%) se debe a factores genéticos, pudiendo incrementarse dicha contribución cuanto más extrema sea la manifestación clínica de dicho rasgo.

 

Los estudios de genética molecular han relacionado el trastorno fundamentalmente con tres genes: uno de ellos en el cromosoma 5 y dos en el cromosoma 11.

 

Estudios de neuroimagen y neurotransmisores

 

 

 

Para el diagnóstico de TDAH no es necesario realizar pruebas de imagen salvo en casos concretos. No obstante, dichas pruebas realizadas en trabajos de investigación, están ayudando a conocer qué pasa en el cerebro de los niños con TDAH.

 

Así, en estudios con resonancia magnética y tomografía computerizada se ha visto una ligera disminución del tamaño cerebral, más marcado en la zona prefrontal y de los ganglios basales, sin observarse malformaciones graves.

 

En otro tipo de estudios llamados “estudios de imagen funcional” se analiza el flujo sanguíneo en determinadas zonas y el consumo de oxígeno, datos que explican la actividad cerebral. Con estos estudios se ha visto una actuación menor de lo esperado en zonas concretas del cerebro, que estaría en relación con la falta de atención y el exceso de movimiento. En estas zonas podría existir un funcionamiento anómalo de unos neurotransmisores (catecolaminas: dopamina y noradrenalina) importantes en la transmisión correcta del impulso eléctrico cerebral.

 

Todos estos estudios van aumentando poco a poco, nos van ayudando a entender el trastorno y cómo actúan los medicamentos estimulantes. No obstante, son resultados provisionales, con muestras pequeñas y muy alejados del día a día, por lo que harán falta más estudios para aumentar los datos y las conclusiones.

 

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El TDAH y la evaluación

 

 


Los niños con TDAH sufren varias combinaciones de fallos en el funcionamiento escolar, en casa y con los compañeros. Los problemas escolares incluyen necesitar adaptaciones o estar en cursos inferiores a lo esperado por edad, obtener menos puntuación de la esperable en tests de inteligencia y de habilidades causada por vacíos en el aprendizaje o por problemas de rendimiento debidos a los propios síntomas del TDAH, dificultades en los exámenes por la inatención y la impulsividad, o fallos para completar o entregar las tareas para casa, pudiendo llegar a tener que repetir cursos. Las dificultades o su combinación con otros trastornos suele llevar a roces con estudiantes, compañeros, profesores y padres. El resultado puede ser ocupar lugares especiales en clase, suspensiones o incluso la expulsión del colegio. Los compañeros frecuentemente rechazan al niño con TDAH debido a las agresiones, la impulsividad y el no someterse a las normas o a las reglas en los juegos.

 

Los niños con TDAH son más habladores, desafiantes, menos cooperadores, más demandantes de la atención de los demás y menos capaces de entretenerse, lo que lleva a un círculo vicioso con los padres en el cual estos responden menos a las demandas del niño, son más negativos y directivos y tienden a valorar menos sus conductas positivas, por lo que las recompensan menos y no favorecen su persistencia (debe señalarse que estos niños tienden a ser menos problemáticos con los padres que con las madres). Así, las familias de los niños con TDAH presentan mayores niveles de estrés, reducen sus contactos fuera del círculo familiar más próximo y tienen más conflictos, lo que lleva a una sensación de soledad y abandono, tasas altas de separación y mayor frecuencia de síntomas depresivos (sobre todo en las madres).

 

Los niños con TDAH en los que predomina la falta de atención se caracterizan más que los TDA con hiperactividad (tipo combinado) por “vagar o flotar por el espacio”, “soñar despiertos”, ser socialmente inhibidos, repetir cursos, y presentar síntomas depresivos y ansiosos. Por otra parte, es más difícil que tengan problemas o que sean rechazados por sus iguales.

 

En principio, un 30-80% de los niños diagnosticados continúan teniendo síntomas en la adolescencia, y más del 65% en la edad adulta. La historia familiar de TDAH, y la existencia de trastornos de conducta, o afectivos aumentan el riesgo de persistencia de los síntomas.

 

La personalidad antisocial se ve en un 25-40% de los adolescentes y adultos remitidos de niños como TDAH, especialmente en niños con trastornos tempranos. Sin embargo, en algunos casos los problemas muy tempranos de algunos niños hiperactivos cesan en la adolescencia o en la vida adulta.

 

Los niños con TDAH “experimentan” con cigarrillos y drogas más frecuentemente que otros en la adolescencia. Además, los adolescentes con TDAH que consumen drogas desarrollan con más frecuencia trastornos por abuso de sustancias. Posiblemente, las drogas proporcionan un efecto subjetivo de disminución de los síntomas en los niños adolescentes no tratados. Posiblemente, este riesgo elevado de consumo de drogas esté precipitado también por la incomprensión y rechazo social y por las malas compañías.

 

Lo cierto es que estudios recientes han obervado cómo el tratamiento farmacológico precoz con psicoestimulantes parece ser un importante factor frente a un futuro abuso de tóxicos.

 

El cuadro clínico en adolescentes tiende a incluir inquietud, aunque el nerviosismo y levantarse del asiento en clase suelen estar presentes. Los desajustes de los adolescentes incluyen inatención, pobre control de los impulsos, pobres habilidades de organización, dificultades para elegir y mantener prioridades, resultando un menor rendimiento escolar, baja autoestima, escasas relaciones con iguales, y rendimiento errático en tareas. Las oportunidades de realizar conductas impulsivas peligrosas y de poca capacidad de juicio aumentan con la edad, debido a la mayor influencia de los compañeros y la menor supervisión de los adultos. Con el tiempo, el adolescente va aprendiendo a controlar la hiperactividad, que cada vez se hace menos manifiesta. No obstante, la impulsividad y sobre todo – las dificultades de mantener la atención y de organizarse – persisten, limitando el aprendizaje y el éxito social y profesional.

 

El objetivo del tratamiento farmacológico sería hacer desaparecer los síntomas a largo plazo para posibilitar el desarrollo social, intelectual y afectivo de ese niño y ayudarle a desarrollar técnicas que contrarresten sus limitaciones.

 

Que NO es TDAH


El TDAH se confunde, a veces, con las siguientes entidades:

 

Niños inquietos, pero con atención normal, situación que es frecuente en los menores de 5 años de edad

Retraso mental

Trastornos específicos del aprendizaje

Fragilidad del cromosoma X

Fetopatía alcohólica por ingestión de alcohol durante el embarazo

Fenilcetonuria

Intoxicación por plomo

Efectos adversos de fármacos como broncodilatadores, neurolépticos, antiepilépticos, etc

Trastornos psicológicos o psiquiátricos.

 

 

 

 

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